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La manipulación de los discursos falsamente progresistas

En el momento actual estamos viendo cómo incluso algunos movimientos sociales, que tienen un carácter dominante, despolitizan su discurso y, conscientemente o no, lo asemejan a la ideología fabricada en los laboratorios de ingeniería social. El objetivo de esta ingeniería es hacer luchas inoperantes que como mucho consigan poner parches a la sangría constante y cada vez mayor del capitalismo global y, de momento, llevan décadas consiguiéndolo.

Para arrojar un poco de luz sobre esta cuestión extraemos unos párrafos del libro En Defensa de la Intolerancia, del filósofo Slavoj Zizek:

[..] El paradigma del “riesgo”, que no es uno más entre otros muchos sino el riesgo “como tal”, es el que puede nacer de la invención de alguna novedad científico-tecnológica para su uso por parte de una empresa privada sin que medie ningún debate o mecanismo de control democrático y público, invención con unas consecuencias a largo plazo inesperadas y catastróficas. Este tipo de riesgo, ¿no nace de la lógica del mercado y del beneficio que induce a las empresas privadas a buscar sin descanso innovaciones científicas y tecnológicas (o, simplemente, a aumentar la producción) sin tomar nunca verdaderamente en consideración los efectos a largo plazo ya sea sobre el medio ambiente o sobre la salud del género humano de su actividad? Así, más allá de esa “segunda modernización” que nos obligaría a prescindir de los viejos dilemas ideológicos izquierda-derecha, capitalismo-socialismo, etc., ¿no deberíamos advertir que, en las actuales condiciones de capitalismo global, cuando las empresas toman decisiones, no sometidas a control político público, que pueden afectarnos a todos y reducir nuestras opciones de supervivencia, la única solución posible consiste en una especie de socialización directa del proceso de producción, es decir, en ir hacia una sociedad en la que las decisiones globales que se refieren a la orientación fundamental de las modalidades de desarrollo y al uso de las capacidades de producción disponibles, sean de un modo u otro, tomadas por el conjunto de la población afectada por esas decisiones?

Los teóricos de la sociedad del riesgo suelen hablar de la necesidad de contrarrestar el “despolitizado” imperio del mercado global con una radical re-politización, que quite a los planificadores y a los expertos estatales la competencia sobre las decisiones fundamentales para trasladarla a los individuos y grupos afectados (mediante la renovada ciudadanía activa, el amplio debate público, etc.). Estos teóricos, sin embargo, se callan tan pronto como se trata de poner en discusión los fundamentos mismos de la lógica anónima del mercado y del capitalismo global: la lógica que se impone cada vez más como el Real “neutro” aceptado por todos y, por ello, cada vez más despolitizado. La gran novedad de nuestra época post-política del “fin de la ideología” es la radical despolitización de la esfera de la economía: el modo en que funciona la economía (la necesidad de reducir el gasto social, etc.) se acepta como una simple imposición del estado objetivo de las cosas. Mientras persista esta esencial despolitización de la esfera económica, sin embargo, cualquier discurso sobre la participación activa de los ciudadanos, sobre el debate público como requisito de la decisión colectiva responsable, etc. quedará reducido a una cuestión “cultural” en tomo a diferencias religiosas, sexuales, étnicas o de estilos de vida alternativos y no podrá incidir en las decisiones de largo alcance que nos afectan a todos. La única manera de crear una sociedad en la que las decisiones de alcance y de riesgo sean fruto de un debate público entre todos los interesados, consiste, en definitiva, en una suerte de radical limitación de la libertad del capital, en la subordinación del proceso de producción al control social, esto es, en una radical re-politización de la economía.

[..] El ámbito de las relaciones capitalistas de mercado constituye la Otra Escena de la supuesta repolitización de la sociedad civil defendida por los partidarios de las “políticas identitarias” y de otras formas postmodernas de politización: todo ese discurso sobre esas nuevas formas de la política que surgen por doquier en torno a cuestiones particulares (derechos de los homosexuales, ecología, minorías étnicas…), toda esa incesante actividad de las identidades fluidas, oscilantes, de las múltiples coaliciones ad hoc en continua reelaboración, etc., todo eso tiene algo de profundamente inauténtico y nos remite, en definitiva, al neurótico obsesivo que o bien habla sin cesar o bien está en permanente actividad, precisamente con el propósito de asegurarse de que algo –lo que importa de verdad- no sea molestado y siga inmutable.

[..] Pensemos en el ejemplo clásico de la protesta popular (huelgas, manifestación de masas, boicots) con sus reivindicaciones específicas (“¡No más impuestos!”, “¡Acabemos con la explotación de los recursos naturales!”, “¡Justicia para los detenidos!”…): la situación se politiza cuando la reivindicación puntual empieza a funcionar como una condensación metafórica de una oposición global contra Ellos, los que mandan, de modo que la protesta pasa de referirse a determinada reivindicación a reflejar la dimensión universal que esa específica reivindicación contiene (de ahí que los manifestantes se suelan sentir engañados cuando los gobernantes, contra los que iba dirigida la protesta, aceptan resolver la reivindicación puntual; es como si, al darles la menor, les estuvieran arrebatando la mayor, el verdadero objetivo de la lucha). Lo que la post-política trata de impedir es, precisamente, esta universalización metafórica de las reivindicaciones particulares. La post-política moviliza todo el aparato de expertos, trabajadores sociales, etc. para asegurarse que la puntual reivindicación (la queja) de un determinado grupo se quede en eso: en una reivindicación puntual. No sorprende entonces que este cierre sofocante acabe generando explosiones de violencia “irracionales”: son la única vía que queda para expresar esa dimensión que excede lo particular.

Slavoj Zizek. En Defensa de la Intolerancia

Podéis leer o descargar el libro aquí:

http://es.scribd.com/doc/21191875/SLAVOJ-%C5%BDI%C5%BDEK-En-defensa-de-la-intolerancia

La pregunta que cabe hacerse es: ¿se pueden superar estas y otras contradicciones mediante las actuales formas de lucha desorganizadas y, en ocasiones, financiadas e ideologizadas por grupos de poder capitalistas?; ¿no sería necesario considerar, desde ya, todas aquellas “trampas” que están impidiendo el avance de un auténtico movimiento politizado, organizado y con capacidad y estrategias de toma de poder?.

2 Respuestas a “La manipulación de los discursos falsamente progresistas

  1. Muy bueno todo lo que se publica. Os sigo. Feliz año 2013 kamaradas. Hay novedades con los movimientos sociales, 15M y Dry? parece que DRY está haciendo progresos y van a celebrar una asamblea, bueno…todo eso puede ayudar. Me pregunto quién les debe financiar a estos, en fin, todo se verá. Saludos.

  2. Gracias Pantomina, Feliz 2013!!. Es difícil estar al tanto de todo, pero si cada cual aporta lo que sabe se puede reconstruir la realidad. Saludos!

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