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Si no me sintiera mal

 

 

Llego al edificio unos 50 minutos tarde

De las escaleras del metro el agua caía como cataratas

Las barandillas eran lianas resbaladizas

Y las luces de las farolas empastaban la calle fluvial

 

Ella no ha mirado su buzón hoy, agarro una gruesa carta que sobresale haciendo un escorzo

El ascensor está averiado

Subo por las viejas escaleras de madera que crujen en cada escalón, como un lamento de vieja

Las paredes están descorchadas

 

Entre el cuarto y el sexto están haciendo una fiesta

Se escuchan risas de mujer, el descorche celestial de una botella y deliciosa música de jazz, cálida como una pantera en la noche

La lluvia ha aliviado el calor del asfalto y el vapor del verano sube hasta las ventanas

 

Llego a su rellano, está todo oscuro, falta oxígeno y el calor es agobiante

Intento repasar mentalmente cual es la situación, durante el día no he tenido tiempo

Respiro para aliviar el estrés atenazado, relajo los músculos

“seguro que todo va bien, no debo angustiarme”

Toco el timbre, también averiado

Pego con los nudillos en la puerta.

 

Ella me abre, está sin arreglar, con el pelo como una fregona

No establece contacto ocular y su rictus es duro como una piel de serpiente.

Mi corazón, antes que mi cabeza, ya ha presagiado el mal

El mal anunciado pero que me negaba a creer, ya esta aquí, ya lo tienes, todo tuyo

 

Ella dice que todo ha acabado, su pavor a dejarse llevar, a entregarse

 

“Era o tú o yo, y me he elegido a mi”

 

Mi insistencia barrió todo lo que había entre nosotros y no dejo ni un triste asidero

Todo ha acabado, fin de la historia, no tengo nada que hacer

Es dura, es firme, no quiere dejar ni un hilo de esperanza.

Me cabreo, pierdo los papeles, nos peleamos

Doy una hostia en la encimera de la cocina y los débiles cristales de la puerta parecen apunto de romperse, igual que mi rostro

Ella se desquicia cuando pongo en duda hasta el más sagrado de sus sentimientos

Sus ojos, esos ojos que me tienen perdida la cabeza, exudan veneno bajo la grotesca luz de la pálida bombilla, que hace de su rostro algo duro y animal.

Me dice que sigo sin querer enterarme de que todo ha acabado

Me dice que está asqueada, que lo he quemado todo, que ella también sufre.

Intenta echarme de su casa y ya me tiene en la entrada, con ese maldito poster de Bruce Springsteen mirándote como una condena.

Siempre supe que estaba loca y que en cualquier momento estallaría y sería un ciclón devastador, ¿cómo haberlo  presagiado si ella no me dejaba ver su cielo?

Te desgarra con la dureza de un diamante

La angustia se instala en mi estómago

 

“Si no me sintiera mal

ya me habría largado

pero me siento muy mal

porque no me dejas irme”

 

Y su frase rebota en las paredes de mi cabeza junto con el portazo de la puerta

De nuevo estoy en el rellano

Completamente solo y a oscuras

La fiesta ya ha acabado

Gotas de sudor que no habías percibido antes te caen por la espalda

Te encaminas hacia las vetustas escaleras

Miras hacia su puerta, te acercas, pero no puedes hacer nada,

te ha dado la patada

Hace tanto calor en el rellano que por un momento crees desmayarte  

Ves la pared de las escaleras volcarse

Te agarras con fuerza al pasamanos y apoyas tu hombro en la pared temblorosa

Lo único que puedes hacer es bajar las escaleras, escalón por escalón, salir al exterior, recoger tu corazón en pedazos y largarte de aquí

Lárgate de aquí!

 

Las calles ya están dormidas

La lluvia ha cesado

No te atreves ni a mirar hacia su ventana

Tan solo caminas hacia delante, con la espalda tensa y encorbada,

y cruzas la esquina

Las luces de la frutería descubren tu rostro desolado y dibujan fantasmales colores en el asfalto mojado, tus sueños desteñidos corriendo por la alcantarilla.

 

Sigues caminando la calle abajo montado en una nube de irrealidad

Has perdido a la chica de tus sueños

Solo por dos putos días

 

Eras como un precario y temeroso acróbata

Un mero paso en falso

El más mínimo error y caíste al vacío

Sin red

 

Te subes al primer autobús nocturno que baja la cuesta y pagas con calderilla

Solo quieres llegar a casa y no hacer ninguna tontería

Desde el momento en que te pude tener

Ya intuía que te había perdido

Se acabó

 

 

 

 

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