Conversación entre un liberal y un socialista

marx-locke-240x150

Karl Marx (1818-1883): Padre del socialismo científico

John Locke (1632-1704): Padre del liberalismo moderno

Esta conversación tuvo lugar hace unos días en una red social. Por ser muy didáctica y muy interesante me he tomado la libertad de reproducirla aquí, cambiando los nombres de los tertulianos por las iniciales “A” (tertuliano socialista) y “G” (tertuliano cercano a postulados liberales). Pocas veces se dan discusiones a este nivel de respeto y conocimiento.

Análisis de los postulados del liberalismo, John Locke, John Stuart Mill, libertarianismo (liberalismo libertario), anarcocapitalismo, neoliberalismo,  con el socialismo científico, la realidad empírica y los contextos actuales e históricos. Muy recomendable:

G: Hombre, yo (en mi vena libertaria) estoy dispuesto a someter a discusión la moralidad de cobrar impuestos para financiar la educación de otros. Pero, coño, sí admito que, antes de recortar los fondos de la educación pública, ¡empecemos por recortar las asignaciones al clero, al excesivo gasto militar, a los palacios de los reyes, a los conciertos públicos, y tantas otras delicias!.

A:Nozick y otros minarquistas (Ayn Rand, etc.), quienes postularon que el Estado sí es necesario para garantizar la seguridad y hacer cumplir los contratos”

El problema de esas teorías, a mi modo de ver, es su anacronismo, similar a Rousseau. La democracia asamblearia que postula Rousseau tal vez fuera posible en su pequeña Ginebra del s. XVIII, pero es imposible en megapolis como las actuales. Del mismo modo, los principios contractualistas en los que se basan los minarquistas se basan en ideas liberales de Locke & cía. pensadas para pequeños propietarios de la época que podían vivir de su propia producción y comercio, y que tan solo necesitan un Estado mínimo que les protegiera de ladrones e incumplidores…

G: Yo no diría que Locke pensó esto para pequeños propietarios. Locke es un entusiasta defensor del derecho natural, y en ese sentido, sus teorías están pensadas para toda la especie humana, en todo momento. Hay derechos naturales intrínsecos, y la propiedad es uno de ellos; no se trata de una convención para esta o aquella sociedad en particular.

A:Pero el mundo actual no es así: vivimos en un mundo donde una sola persona (o Consejo de Administración) puede despedir a miles de trabajadores en un segundo, que es un contexto a miles de años-luz del contexto contractualista de pequeños productores que contratan entre ellos y donde ninguno de ellos podía hacer algo así. El único ente con un poder de ese tipo entonces era el Estado, de ahí la preocupación liberal por limitar y minimizar a ese Estado que podía abusar de su poder. Pero ya entonces los liberales avisaban de los peligros de que alguien pudiera alcanzar tanto poder que pudiera hacer los contratos a su medida, porque entonces no serían contratos libres (esto es, entre iguales que se limitan entre sí por su idempotencia)…

G: Si se ejerce coerción, el contrato no es libre. Pero, hacer un contrato a mi medida, no es ejercer coerción. Es, sencillamente, hacer una oferta. El trabajador puede tomarlo o dejarlo. Si no lo toma, no recibe una coerción directa por parte del patrón; sencillamente, no se concreta la relación laboral.

A: …Incluso Aristóteles ya lo había dicho mucho antes. Pero entonces ni imaginaban que alguien (un individuo) pudiera tener más poder que todos los demás individuos juntos, ya digo, algo así solo podía ser el Estado y por eso lo limitaban. Pero ahora sí es así: una minoría ínfima acumula más poder real que la inmensa mayoría, no existe la igualdad que se presupone en el liberalismo entre los individuos para que puedan pactar libremente sin intromisión del Estado. Entonces, se hacen necesarias medidas de intervención para evitar la desigualdad que supondría ilibertad, y garantizar una por lo menos igualdad básica para que los contratos sean realmente entre iguales. El socialismo (en sus mejores versiones) supo indicar que bajo el modelo de individuos libres e iguales que producen y contratan entre ellos se ocultaba la cruda realidad de individuos que acumulan mucho poder frente a individuos que no tienen ninguno y cuyos contratos lejos de ser libres son meras imposiciones del fuerte sobre el débil…

G: Yo discrepo acá de los socialistas. Un contrato, por definición, es una no-imposición. El fuerte hace una oferta, el débil la puede rechazar. Y, además, hay muchas otras dificultades de corte utilitarista (y no meramente deontológicas): si el Estado interviene para forzar a los fuertes a hacer ofertas más “justas”, el fuerte eventualmente perderá el incentivo para seguir ofreciendo contratos al débil, y así, ambos (tanto el fuerte como el débil) se verán perjudicados. Es lo que ocurre con los controles de precio: al obligar al panadero a vender el pan a tal precio, el panadero opta por no hacer más pan, y así, la medida que supuestamente protegía al consumidor, termina perjudicándolo, pues habrá más escasez.

Y, hay además otro asunto muy importante, que siempre señaló L. Von Mises: cuando en un contrato, hay aparentemente un desbalance en las ventajas, eso es una señal de qué rubro (incluida la fuerza laboral) escasea en el mercado, y a partir de esa señal, el mercado puede regularse a sí mismo, a través de la competencia. Si el Estado interviene, distorsiona esa información, y la economía se vuelve caótica, pues se producen rubros para los cuales no hay verdadera demanda.

En el caso de la relación obrero-patrón, operaría de esta forma: Patrón X paga muy poco a obrero Y. Ese sueldo tan bajo procede de un exceso de oferta laboral (demasiados obreros), y un déficit de demanda (muy pocas empresas empleadoras). Si el Estado interviene para obligar a patrón X a pagar un sueldo más alto, se estaría haciendo creer que no hay déficit de demanda de fuerza laboral, y así, quien quiera montar una empresa que haga competencia a patrón X, no lo haría.

A: …Sobre todo conforme aumentaba el industrialismo y crecía una nueva clase social no propietaria cuya aparición rompía los moldes del modelo contractualista-individualista-dieciochesco. El problema de los anarco-capitalistas o minarquistas es que siguen aplicando ese mismo modelo como si siguiéramos en el XVIII (y con eso y con todo, el modelo ya estaba sesgado porque ignoraba que entonces ya había esclavos y otros no-propietarios que quedaban excluidos en ese modelo basado en la pequeña propiedad).

G: Yo no creo que ese modelo estuviese sesgado. Locke y los liberales fueron siempre muy enfáticos en que la esclavitud no forma parte del modelo contractual, y que la esclavitud es una violación del derecho natural.
De todas formas, ya sabes, yo soy muy indeciso en estos temas tan complejos, y por ahora, sólo quiero presentar lo que yo creo que diría un liberal…

A: Toda organización y teoría política presupone a un sujeto político. En las sociedades tribales eran los cabezas de familia (los ancianos), en Atenas los hombres, libres y atenienses, en el liberalismo del XVIII los hombres, libres y propietarios (pequeño-propietarios exactamente), para el nacionalismo los nacionales de pura sangre… En cada uno se excluye a quienes no se considera capacitados para la política (mujeres, esclavos, no-propietarios, extranjeros…). Un modelo político a la altura del siglo XXI debe ser universalista e incluir como sujeto político por lo menos a todos los humanos adultos.

G: No veo de qué forma el liberalismo deja de ser universalista. El liberalismo entusiastamente defiende un mínimo de derechos y libertades para todos los ciudadanos, y si bien no defiende la igualdad de condiciones (eso sería comunismo), sí defiende entusiastamente la igualdad de oportunidades.


A: El liberalismo lo hace pero solo formalmente, esto es, reconociendo derechos formales, pero no reales, dada la tremenda desigualdad real económica…

G: La desigualdad (por muy tremenda que sea), opina el liberal, NO es una violación de ningún derecho. De hecho, como postulaba Thatcher (y sí, ya sé que alguien en esta discusión dirá que ella era una darwinista social), hay un derecho a ser desigual (siempre y cuando no hubo ventajas en el inicio de la carrera). El problema, como señalaba Isaiah Berlin, es que muchas veces, para corregir la supuesta violación del derecho a la igualdad, se terminan violando derechos más elementales, como el derecho a la propiedad.

A: … Un ejemplo (hablo de memoria, por si no es totalmente exacto lo que digo): la extensión de los Departamentos en Francia se hizo de acuerdo al criterio de que ningún representante local tuviera que hacer más de un dia de viaje desde su pueblo hasta la capital, y tenía su lógica: si fueran más extensos, los representantes de los pueblos más lejanos no irían a la mayoría de reuniones en la capital y no podrían participar en la toma de decisiones. Esos representantes tendrían un derecho formal a ir a la capital pero que no lo podrían ejercer en la práctica o no tanto como los demás que vivieran más cerca. De igual forma, si un ciudadano (sujeto con derechos) no puede ejercerlos por su circunstancia económica, realmente no es ciudadano: si la educación, en vez de pública, fuera privada y sometida a las reglas del mercado, mucha gente no podría acceder a ella: su derecho sería formal pero no real…

G: Ciertamente hay muchos documentos (tanto doctrinales como jurídicos) que postulan que existe el derecho a la educación, y si eso es un derecho, entonces la ausencia de educación pública sí vulnera ese derecho. Pero, los liberales tradicionales opinan que el acceso a la educación NO es un derecho. Pues, como sugería Berlin, los derechos se definen mejor como ausencia de coerción. Y, en ese sentido, alguien como Nozick diría que la educación pública no resguarda ningún derecho, pero sí los viola, pues se financia con impuestos, y el impuesto, es una forma de coerción

A:A su vez, esa falta de educación, formación, conocimientos, etc., redundaría en desigualdad de oportunidades para competir en el mercado laboral, con lo que solo podría optar a los empleos peor remunerados, y eso condicionaría a su vez las condiciones iniciales de sus propios hijos y así sucesivamente.

G: Ciertamente ese círculo vicioso existe. Pero, no es del todo claro que la educación pública lo resuelva. Pues, la educación pública supone mayor cobro de impuestos. Y, el mayor cobro de impuestos puede frenar el incentivo de producción, y a la larga, puede resultar en menor ganancia bruta, lo cual reducirá la calidad de la educación (pues no habrá recursos para financiarla).

A: …Si la ciudadanía es universal, las condiciones reales para ejercerla deben estar garantizadas. Igual que el liberalismo no es posible en sociedades tribales porque presupone individuos propietarios, una política en el siglo XXI exige ciudadanos con una serie de condiciones no solo formales garantizadas para ejercer su ciudadanía.

G: No entiendo por qué el liberalismo no puede aplicarse en una sociedad tribal. El liberal estaría de acuerdo en que en el siglo XXI deba haber ciudadanos con una serie de condiciones garantizadas. Pero, si eso implica la violación de derechos más fundamentales (como la propiedad), el liberal no lo aceptará.

G: El derecho natural (del cual partía Locke y otros), no tiene ajustes a ninguna época: aplican tanto en el siglo XIII como en el siglo XXI. Hay un conjunto de derechos intrínsecos al hombre. Y, uno de esos derechos es la propiedad. Si, con el fruto del trabajo (y sin haber ejercido control monopólico del recurso natural, pero no necesariamente del producto ya manufacturado), se adquiere una propiedad, no parece haber justificación moral posible para que ninguna persona, sea un ladrón o el Estado, se la quite. Puede quitarse al rico para darse al pobre, y esto ciertamente persigue un fin muy loable; pero no deja de ser una violación del derecho natural.

Y, si eres el propietario legítimo de un bien, otro derecho natural consiste en la legítima transferencia (compraventa, herencia, donación, etc.). Que una persona sea abrumadoramente más rica que otra no es en sí mismo algo que deba corregirse. Sólo puede corregirse si logras demostrar que su riqueza ha sido adquirida por vía ilegítima (y ciertamente muchos magnates sí han conseguido ilegítimamente su riqueza). Pero, en relaciones contractuales (aun si hay relaciones de desigualdad), no se pierde la legitimidad de la acumulación. Un liberal rechazaría categóricamente que, el hecho de que dos agentes no estén en igualdad de condiciones, anula la justicia de la transacción.

A: Hay que responder por partes. Primero a esto (luego vendrá a otras cosas):

Con el “derecho natural” liberal pasa como con la “moral natural” de los curas: que se quiere hacer pasar por “natural” lo que no es: natural es que la mantis religiosa se coma al macho después de copular, o que los cocodrilos pongan huevos, pero el derecho de propiedad NO es natural. Otra cosa es que a los autores liberales les interesara “sacralizar” ese derecho y no otros como pudieran ser el derecho al empleo, a una vivienda digna o a una renta básica.

De todos modos, no le falta cierta razón a Locke: “Si, con el fruto del trabajo (y sin haber ejercido control monopólico del recurso natural, pero no necesariamente del producto ya manufacturado), se adquiere una propiedad, no parece haber justificación moral posible para que ninguna persona, sea un ladrón o el Estado, se la quite”. Pero ese pensamiento supone a un pequeño propietario-productor que con su propio trabajo (esfuerzo) trabaja su tierra, teje sus telas o produce manualmente sus productos artesanos. La legitimidad de la propiedad se basaba en el trabajo, en que el propietario-productor mejoraba el producto natural al aportarle su trabajo y por eso pasaba a ser suyo legítimamente, porque él le añadía algo con su trabajo que no tenía antes en su estado natural, y por eso podía ponerle un precio si otro quería adquirirlo, para que compensara ese trabajo que le había puesto. El agua del río no tiene precio, pero si yo voy allí y la embotello, produzco una botella de agua que es mía legítimamente porque con mi trabajo (ir allí, embotellarla, traerla, distribuirla…) mejoro ese producto (en el sentido de que facilito el agua a otras personas que ya no tienen que ir al río a por ella), y por eso puedo cobrar por esa agua embotellada. Pero lo que Locke y demás ni se imaginaban era algo así como las grandes empresas trasnacionales actuales donde el propietario de General Motors no ha fabricado jamás ninguna de las motos que salen de sus fábricas. Esa argumentación NO está pensada para esos grandes propietarios, y es más, Locke seguramente se habría negado a esa interpretación porque excede de lo que él planteaba. El desarrollo de la propia realidad ha dado lugar a un contexto en el que esas teorías resultan anacrónicas. De hecho, la diferencia entre liberales y conservadores es correlativa a la de pequeño-burgueses (pequeños propietarios, artesanos) y latifundistas. La crítica de los liberales a los latifundistas es que éstos no hacían productiva su propiedad, por lo que, en términos liberales, “perdían” ese derecho ya que el derecho se basa en el trabajo y si alguien no trabaja (mejora) algo, otro dispuesto a hacerlo puede apropiarse de ese algo.

En una argumentación así se basaba la desamortización hecha por los liberales a la Iglesia en tanto que latifundista. Y en lo mismo se basaba el propio Locke para justificar el imperialismo inglés: los ingleses podían apropiarse de las tierras de los nativos americanos porque éstos no las trabajaban (no las hacían productivas) mientras que los ingleses sí. Los principios liberales de libre competencia suponen una pluralidad de pequeños productores, típica del XVIII, pero no una sociedad como la actual.

G: Es verdad que ése es un argumento típico de Locke. Bajo la perspectiva libertaria, en rigor, si los nativos no trabajaron la tierra, no habrían tenido derecho a su propiedad. Pero, si los nativos adquirieron esa tierra por transferencia legítima (compraventa, herencia, etc.) de un propietario original legítimo (que sí se apropió de la tierra con su trabajo), entonces los nativos habrían sido propietarios legítimos, sin necesidad de haber trabajado (y éste habría sido el error cometido por Locke, al no exhortar a investigar si los nativos habáin adquirido su propiedad legítimamente) . El hecho de que un terreno esté baldío no despoja de legitimidad a su propietario. Debe demostrarse que esa propiedad es ilegítima, si la consiguió por medios ilegítimos. E, insisto, bajo la perspectiva libertaria, el trabajo no es la única forma legítima de adquirir una propiedad.

“Que una persona sea abrumadoramente más rica que otra no es en sí mismo algo que deba corregirse. Sólo puede corregirse si logras demostrar que su riqueza ha sido adquirida por vía ilegítima (y ciertamente muchos magnates sí han conseguido ilegítimamente su riqueza)”.

A: En términos liberales clásicos eso sería imposible: la legitimidad de la propiedad está en el propio trabajo, pero nadie podría ser inmensamente rico solo con su propio trabajo (antes moriría por extenuación). Insisto, las ideas liberales NO están pensadas para el mundo actual. Querer utilizarlas hoy día es lo que convierte al liberalismo en ideología = neoliberalismo.

A: Para un liberal clásico, una persona inmensamente rica solo podría serlo de forma ilegítima, porque con su propio trabajo sería imposible.

G: Quizás sí retrates bien al liberal clásico en esto. Pero, el libertario (más en la tradición de J.S. Mill que en la de Locke) opina que, el derecho a propiedad viene, no sólo del trabajo propio, sino también de la legítima transferencia. Y, en ese sentido, es perfectamente posible hacerme un magnate sin haber trabajado nunca. De hecho, si nos adherimos a la idea de que sólo es justo ser propietario de aquello que procede de mi trabajo, entonces una persona que gana la lotería no tiene derecho a disfrutar su premio, pues obviamente no ha trabajado para conseguirla. Eso, creo yo, es muy cuestionable.

A: Voy a intentar hacer una respuesta general. Trato de demostrar que el liberalismo clásico podía tener sentido en el siglo XVIII como filosofía político-económica pensada para sociedades de pequeños propietarios-productores, según la cual el sujeto político son esos pequeños propietarios. La idea básica es que la propiedad es un derecho natural (natural en tanto que racional) basado en el trabajo o esfuerzo que consiste en que si alguien modifica con su esfuerzo, ingenio o habilidad alguna cosa natural le añade un algo que legitima su propiedad sobre esa cosa, de modo que pasa a ser suya y solo suya. Eso implica un límite a la propiedad: puedo acapar todo cuando sea capaz de producir por mí mismo con mi trabajo. Este planteamiento admite cierta desigualdad dentro de unos límites: la que podría haber entre el más absoluto holgazán y estúpido (que no poseería nada o muy poco y muy malo) y lo que podría tener el más esforzado, inteligente y hábil sin llegar a morir por extenuación. Cualquiera que tuviera más que este último lo tendría ilegítimamente porque no sería producto de su trabajo…

G: Los libertarios insistirían en que el trabajo no es la única fuente legítima de propiedad. Hay transferencias legítimas (sin violar el principio de no coerción) que pueden permitir la vasta acumulación. Supongamos que eres un tío muy holgazán pero simpático (tienes una cara muy bella, y cuentas chistes muy graciosos), y te ganas el cariño de la gente. La gente te da muchos regalos por tu simpatía. Al final, puedes acumular mucha riqueza (incluso superar la riqueza de tus contribuyentes), sin haber trabajado nada, y con todo, el origen de tu riqueza es legítima, pues la has recibido como regalo.

 A: …Lo que da lugar a lo que decíamos: una sociedad de pequeños productores que, en un marco de libre mercado, producen de acuerdo a la libre competencia y da lugar a que los más hábiles, inteligentes y trabajadores se enriquezcan y al mismo tiempo se produzcan los mejores bienes y servicios de modo que toda la comunidad se beneficia. Los únicos límites a esa libertad sería la mínima necesaria para evitar violencia contra esa pequeña propiedad (tanto el robo como la acumulación excesiva) y contra los demás derechos naturales (a la vida y las libertades individuales), lo que justificaría un Estado mínimo.

Unas citas de Locke al respecto: “Aunque la tierra y todas las criaturas inferiores sirvan en común a todos los hombres, no es menos cierto que cada hombre tiene la propiedad de su propia persona (…) Podemos también afirmar que el esfuerzo de su cuerpo y la obra de sus manos son también auténticamente suyos. Por eso, siempre que alguien saca alguna cosa del estado en que la Naturaleza la produjo y la dejó, ha puesto en esa cosa algo de su esfuerzo, le ha agregado algo que es propio suyo; y por ello, la ha convertido en propiedad suya (…) No cabe duda de que quien se sustenta de las bellotas que recogió al pie de una encina (…) se las ha apropiado para sí mismo (…). Quizá se objete a esto que si el recoger bellotas u otros frutos de la tierra, etc., confiere un derecho sobre ellos, cualquiera puede acaparar las cantidades que bien le parezca. A lo que respondo que no es así. La misma ley natural, que de esta manera nos otorga el derecho de propiedad, pone al mismo tiempo un límite a ese derecho (…) El hombre puede apropiarse las cosas por su trabajo en la medida exacta en que le es posible utilizarlas con provecho antes de que se echen a perder. Todo aquello que excede de ese límite no le corresponde al hombre, y constituye la parte de los demás. (…) La extensión de tierra que un hombre labra, planta, mejora, cultiva y cuyos productos es capaz de utilizar, constituye la medida de su propiedad (…) Dios ha dado el mundo a los hombres en común; pero puesto que se lo dio para beneficio suyo y para que sacasen del mismo la mayor cantidad posible de ventajas para su vida, no es posible suponer que Dios se propusiese que ese mundo permaneciera siempre como una propiedad común y sin cultivar. Dios la dio para que el hombre trabajador y racional se sirviese del mismo (y su trabajo habría de ser su título de posesión); no lo dio para el capricho de la avaricia de los individuos peleadores y disputadores” (John Locke, “Ensayo sobre el gobierno civil”, Capítulo V: De la propiedad).

El trabajo se convierte así en el origen, la medida y el límite de la propiedad. De hecho, al intercambiar propiedades (mediante trueque o dinero) lo que realmente se intercambia es trabajo (el trabajo socialmente necesario para producir esa cosa): el valor de cambio al que se referían los economistas clásicos y que asume Marx.

G: Es muy cuestionable la teoría de Marx sobre el valor de la mercancía basado en el trabajo. En el valor de un producto intervienen muchísimos otros factores. Y, así, tú y yo podemos trabajar el mismo número de horas, pero si tú decides vender un rubro que no escasea, y en cambio, yo decido sacrificarme y ahorrar más, vendiendo un rubro que sí escasea, legítimamente puede darse la situación en la cual, aun si tú y yo hemos trabajado el mismo número de horas, yo acumule más riqueza.

A: El trabajo es tan central para definir la propiedad que por eso mismo Max Weber ve una afinidad entre lo que él llama la ética protestante y el espíritu del capitalismo: una y otro están centrados en el trabajo.

G: Los libertarios no dudan del valor moral del trabajo. Pero, rechazan la coerción estatal a la hora de despojar de riquezas a quien no las haya recibido por trabajo propio, pues puede darse la situación en que esas riquezas han sido acumuladas legítimamente, aun sin trabajar.

 A: El protestantismo (a diferencia del catolicismo) santifica el trabajo como signo de la predestinación divina (quien se enriquece con su trabajo muestra la predestinación divina), lo que estimula a trabajar, y el capitalismo liberal anima a esforzarse en el trabajo para enriquecerse también con las propiedades, lo que hace que haya sintonía entre uno y otro y que ambos se desarrollen en Europa del norte. En la católica Europa del Sur es al revés porque se denigra el trabajo (el trabajo como castigo divino) y la propiedad productiva (aquí las propiedades son tierras baldías, improductivas, en manos de latifundistas y el clero). Para los liberales, estos latifundistas (aristócratas y clérigos) son el enemigo porque tienen propiedades que no están basadas en su propio trabajo y que además no permiten que otros las puedan trabajar y hacerlas productivas. De ahí que los liberales más progresistas se opusieran a los latifundios y apoyaran las reformas agrarias y las desamortizaciones que repartieran las tierras improductivas entre jornaleros para convertirlos en pequeños propietarios campesinos (lo que dio lugar a la contraposición entre liberales-pequeño propietarios y conservadores-latifundistas).

Este modelo tal cual es inaplicable hoy en día, porque el desarrollo del industrialismo supuso la posibilidad de la producción a gran escala y la aparición de una nueva clase social no-propietaria como es el proletariado, y todo eso rompe los moldes pequeño-propietaristas para los que estaba pensado el liberalismo. Este modelo liberal estaba pensado para una sociedad mayoritaria de pequeños propietarios que intercambian en el mercado, pero no para una sociedad de casi 7.000 millones de habitantes donde la minoría es la gran-propietaria y la mayoría social está compuesta de no-propietarios que solo tienen su fuerza de trabajo…

G: Los libertarios confían en que, si realmente se permite operar al libre mercado (y, en opinión de ellos, esto nunca realmente ha ocurrido), esa riqueza será mejor distribuida, y el sistema encontrará un equilibrio. Pues, por ahora, las grandes corporaciones pueden darse el lujo de pagar 1 dólar al día a los obreros que trabajan en una fábrica de Nike en Indonesia. Pero, si se abre el mercado, eventualmente, se recortará la oferta de fuerza laboral, y se expandirá su demanda, y con esto, aumentará significativamente el sueldo de esos 7 mil millones de personas. Por ahora, los sueldos miserables se deben a que hay demasiadas barreras para que las empresas puedan expandir sus negocios. Si, además de tener una fábrica en Indonesia, Nike la tuviera en muchas otras partes del mundo, ya no sería tan fácil para Nike pagar la miseria que paga, pues no habría exceso de oferta laboral, y Nike demandaría más trabajadores.

A: …La aplicación del liberalismo en un contexto distinto a aquel para el que estaba pensado dio lugar a monstruos…

G: Von Hayek y otros historiadores disputan esto. Es fácil dejarse seducir por las novelas de Dickens y la poderosa retórica de Marx y Engels. Pero, según parece, el siglo XIX constituyó una mejora en muchos aspectos, y las desmejoras no son necesariamente atribuibles al capitalismo.

A: …Y si esto ya era así en el s. XIX, peor aún en el XX y ahora mismo: las grandes multinacionales y la economía financiera no tienen nada que ver con el modelo económico pequeño-propietario para el que estaba pensado el liberalismo. John Locke se hubiera escandalizado de que quisieran utilizar sus teorías para justificar las grandes desigualdades de hoy en día en que una sola persona puede acumular más poder y riqueza que algunas naciones enteras del tercer mundo. El neoliberalismo, por esto, no deja de ser una ideología para justificar con lenguaje aparentemente liberal lo que desde el propio liberalismo sería una aberración.

G: Los libertarios NO suelen apoyar a las grandes multinacionales. No sé cómo fue el movimiento de indignados en España, pero en New York, junto a muchos izquierdistas que protestaban, hubo libertarios. Los libertarios están en contra del rescate de los bancos, y medidas similares. El motivo es muy sencillo: las multinacionales se aprovechan de sus conexiones con los funcionarios estatales, y hacen lobby político para que haya regulación del mercado a su favor (con impuestos a las importaciones, subsidios, etc.). Los libertarios opinan que hoy en el mundo no existe propiamente el capitalismo libre al cual ellos aspiran, sino el llamado “capitalismo clientelar” (crony capitalism) que NO permite el desarrollo de la libre empresa y la libre competencia. Bajo este capitalismo clientelar, no prosperan las empresas más verdaderamente competitivas, sino aquellas que han establecido relaciones clientelares con los gobiernos que las favorecen.

G: Bajo la perspectiva libertaria, el trabajo no es la única forma legítima de adquirir una propiedad.

A: No es la única forma pero sí la que está a la base de todas las demás (y eso lo dice el propio Nozick). La herencia o los contratos (de compraventa, por ejemplo) se basan en que lo que se hereda o vende fue adquirido de forma legítima al principio mediante el trabajo. El liberalismo clásico se oponía a la concepción de la propiedad de origen divino. Según esto, todo era de Dios y la Iglesia lo gestionaba en su nombre, pudiendo permitir a otros (Estados o particulares) esa gestión. De hecho, Estados como el de Castilla y Aragón y el Portugal tuvieron que acudir al Vaticano para que estableciera a quien le correspondía la propiedad de las tierras americanas recién descubiertas ya que, en puridad, pertenecían a la Iglesia: a lo que la Iglesia respondió con las bulas alejandrinas. Locke y otros liberales sustituyen esos planteamientos con otros más racionales como el que hemos dicho del trabajo: el trabajo determina la legitimidad (y el límite) de la propiedad. Dios ha entregado el mundo entero a la humanidad pero cuando alguien modifica algo natural con su trabajo lo convierte en propiedad legítima suya. Y esa propiedad puede también después legítimamente trasmitirse, principalmente a través de la herencia legítima y el contrato libre…

G: Me parece, entonces, que con esto, Locke (y, si apruebas a Locke, tú mismo) estaría admitiendo que, sí es legítimo que haya desigualdad que supere la desigualdad
en las cuotas de trabajo. Pues, X y Y pueden trabajar la misma cantidad, pero X hizo mejores transacciones que Y, y además, X es heredero y Y no lo es; bajo ese escenario, hay plena justificación para admitir que es legítimo que X pueda ser más rico (incluso por amplio margen) que Y.

A: El esquema que tenemos es: propiedad justa (adquirida de un modo justo = trabajo) transmisión justa (a través de mecanismos justos: herencia y contrato. Estos mecanismos son JUSTos si se aJUSTan a ciertas reglas o leyes: línea sucesoria, no coacción ni mentira en el contrato, etc.). Una propiedad será injusta si se adquiere sin trabajo o sin trasmisión justa posterior. Pero, de nuevo, para el liberalismo clásico, una compraventa solo tenía sentido si era para consumir o trabajar esa propiedad adquirida, no para simplemente acumular…

G: Yo no estoy muy seguro de que el liberalismo clásico opinara esto. Pero, en todo caso, la postura libertaria es ésta: el derecho a propiedad, por definición, permite que el propietario haga con su propiedad lo que mejor le plazca, siempre y cuando no afecte a terceros. Si hay una regulación externa respecto a qué debe hacerse con la propiedad, entonces ya deja de ser propiedad privada. Pues, el Estado (o cualquier que la regule) estaría dictando al individuo qué debe hacer en su esfera privada, y con eso, se pierde la libertad individual elemental. Y, además, la idea que defiendes elimina la mera noción de patrimonio personal, la cual es un fundamento de la libertad individual. Más aún, la acumulación puede cumplir la muy importante función del ahorro para posibles tiempos venideros de mayores dificultades.
Piensa, además, en un caso como éste: yo compro un coche a un amigo. Y, una vez que lo he comprado, rompo deliberadamente con un bat las ventanas, el motor y todas sus piezas, pues haciendo eso, libero catarsis y me siento mejor. Obviamente he desperdiciado el coche en un consumo irracional. ¿Debe el Estado intervenir para impedir que yo destruya mi coche (especialmente al tener en cuenta que hay muchos ciudadanos que necesitan coches)? Yo opino que no, pues es MI coche, y el concepto de propiedad implica que yo puedo hacer con ese objeto lo que mejor me plazca.

A: …El neoliberalismo lo que hace es ignorar ese contenido material del argumentario liberal y quedarse solo con la formalidad. Por ejemplo: si acumulo de un bien simplemente para que escasee y luego venderlo más caro, eso no sería justo para el liberalismo clásico, porque, en palabras de Locke (las repito): “Quizá se objete [que] cualquiera puede acaparar las cantidades que bien le parezca. A lo que respondo que no es así. La misma ley natural, que de esta manera nos otorga el derecho de propiedad, pone al mismo tiempo un límite a ese derecho (…) El hombre puede apropiarse las cosas por su trabajo en la medida exacta en que le es posible utilizarlas con provecho antes de que se echen a perder. Todo aquello que excede de ese límite no le corresponde al hombre, y constituye la parte de los demás. (…)

G: Vale, Locke opina que no es legítimo acumular por el mero afán de acumular. Un libertario no estaría de acuerdo, por la razón que di más arriba: la propiedad implica el derecho de hacer con el objeto lo que mejor le plazca al propietario. En el caso de la acumulación para facilitar la escasez y luego hacer una ganancia, el libertario Walter Block ofrece esta defensa: este tipo de acumulación cumple la labor de propiciar el ahorro de rubros necesarios, para cuando vengan momentos difíciles. Y, además, al acumular y generar escasez, incentiva más producción en el mercado, pues el productor, al ver la oportunidad de generar más ganancia en función de la escasez, produce más (pero, para que esto funcione, no pued ehaber control de precios, pues de lo contrario, se enviaría la señal equivocada respecto a qué escasea). Esto, al final, genera un superávit de producción, y propicia mejor la satisfacción de necesidades.

A: …Dios la dio [la propiedad común del mundo natural] para que el hombre trabajador y racional se sirviese del mismo (y su trabajo habría de ser su título de posesión); no lo dio para el capricho de la avaricia de los individuos peleadores y disputadores”. Pero el neoliberalismo ignora esos límites clásicos para defender la gran empresa, la acumulación de capitales, la extrema riqueza al lado de la extrema pobreza, etc. Si dejamos de pensar con un pie en la realidad empírica, y solo nos atenemos a modelos formales, perdemos de vista la realidad y nos adentramos en la metafísica o la ideología.

Para acabar esta parte, todo esto suponiendo que el liberalismo clásico llevaba razón. Porque el problema es que el liberalismo clásico también falla en sus propios principios: el liberalismo asume una apropiación originaria legítima a través del trabajo, pero ya Marx señaló eso como un mito (y la Historia lo confirma): la acumulación primitiva de capital fue de todo menos a causa del trabajo, en realidad se debió a la apropiación violenta de terrenos y bienes comunales, al robo de unos a otros, a expropiaciones, etc. …

G: Quizás sorprendentemente, los libertarios serían los primeros en admitir esto. La legitimidad de muchas propiedades debe someterse a examen. Y, precisamente en función de eso, los libertarios sí están abiertos a reformas agrarias y a reparaciones por injusticias pasadas. Pero, los libertarios insisten en que esas reformas agrarias deben hacerse, no sobre la base de que debe despojarse de tierra al latifundista, por el mero hecho de ser latifundista, y dar al campesino sin tierra, sólo por el mero hecho de no tener tierra. Debe despojarse de tierra al latifundista y dar al campesino sin tierra, sólo tras haber demostrado que el latifundista acumuló ilegítimamente su riqueza, y al campesino sin tierra se la quitaron ilegítimamente.

A: …Si para justificar la legitimidad de una propiedad actual tuviéramos que remontarnos en la cadena de transmisiones hasta encontrar si alguna trasmisión fue injusta o si la apropiación original lo fue o no (suponiendo que todas las trasmisiones intermedias lo fueran) descubriríamos que no lo fue, que en el origen seguro que hubo un acto de violencia. Es un mito como el del buen salvaje: nunca existió el buen salvaje y nunca existió el buen propietario que con su trabajo mejoró un bien originariamente común y lo hizo su propiedad de ese modo. De hecho, los primeros propietarios fueron los Estados (al cercar un territorio) y las primeras propiedades las personas (los esclavos). Así que tal vez lleve más razón Proudhon y resulte que, al final, LA PROPIEDAD ES UN ROBO.

G: Los libertarios dirían que, en efecto, muchas propiedades actuales proceden de robos. Pero, contrario a Proudhon, eso no implica que la propiedad sea intrínsecamente un robo.

G: Si se ejerce coerción, el contrato no es libre. Pero, hacer un contrato a mi medida, no es ejercer coerción. Es, sencillamente, hacer una oferta. El trabajador puede tomarlo o dejarlo. Si no lo toma, no recibe una coerción directa por parte del patrón; sencillamente, no se concreta la relación laboral. (…) Yo no estoy muy seguro de que el liberalismo presupone que deba haber igualdad para que haya un pacto libre. (…) Un contrato, por definición, es una no-imposición. El fuerte hace una oferta, el débil la puede rechazar.

A: Para acabar (por ahora): sobre los contratos libres entre desiguales. Un contrato solo puede ser libre y justo si las dos partes tienen un poder negociación similar (no necesariamente idéntico). En el liberalismo clásico eso se garantizaba por la propiedad: un propietario negocia con otro y ambos son iguales en tanto que propietarios: si al final no llegamos a un acuerdo siempre nos quedará nuestra propiedad que a la postre es de lo que vivimos. Pero entre un propietario y un no-propietario no se da ese modelo, sobre todo si al no-propietario la única alternativa que le queda es la miseria o el hambre, perspectiva que le llevará a acceder cualquier contrato por humillante que sea. De nuevo, la diferencia entre pensar pisando la realidad y pensar desde el mundo de las Ideas liberales. Claro que el débil puede rechazar la oferta del débil… y luego morirse de hambre.

G: Si el propietario ha conseguido su patrimonio legítimamente, no tiene ninguna obligación en alimentar al débil. No es responsabilidad del fuerte que el débil esté sin comida, por ende, no tiene ninguna obligación con él. Es moralmente loable ser generoso y darle comida, pero NO es una obligación moral (en ética, esto se llama un acto “superogatorio”, afín a la parábola del buen samaritano: quien ayudó al hombre herido merece nuestro elogio, pero quien no lo ayudó, estuvo en su derecho de no hacerlo). En ese sentido, el fuerte puede legítimamente establecer las cláusulas que él desee en su contrato. Y, nuevamente, hay además motivos utilitaristas para permitir estos contratos: si se regula, el fuerte puede rehusarse del todo a entrar en el contrato, y al final, el contrato ni siquiera se da. En ese caso, la medida regulatoria que supuestamente protegía al débil, termina perjudicándolo aún más.

A: El liberalismo tiene un dogma que es el de la no-intervención: el Estado no debe intervenir en los negocios y contratos entre particulares porque cualquier intervención o interferencia siempre sería mala. Pero eso deja desprotegidos a los más débiles.

G: El libertario obviamente cuestiona esto. La no intervención propicia la competencia, y eso es mucho más eficiente que la intervención directa del Estado para mejorar la condición de los débiles. Además, una excesiva regulación propicia una relación de parasitismo: el débil se acostumbra a que siempre habrá un Big Brother que lo protegerá, y al final, no hay incentivo para luchar competitivamente.

A: La idea básica es que los individuos son libres y que ser fuerte o débil es el resultado del trabajo, esfuerzo, ingenio, habilidad de cada uno, y eso son capacidades naturales o resultado de la responsabilidad o irresponsabilidad de cada uno, de modo que cada uno tiene lo que se merece y punto; si el Estado interviene, el débil no tendrá incentivos para esforzarse más, aprender más, etc. y dejar de ser débil o ser menos débil…

G: Efectivamente así piensan los libertarios. Con todo, no estarían de acuerdo en postular que cada uno tiene lo que se merece, y punto. Hay muchas injusticias en el mundo, pero precisamente, éstas no vienen del libre mercado, sino de la intervención. En muchísimos casos históricos, la intervención estatal no ha servido para proteger al débil, sino para fortalecer aún más al fuerte (por ejemplo, ¿de dónde surgieron los actuales magnates rusos?; la respuesta: la vasta mayoría eran funcionarios públicos de medio y alto nivel con conexiones durante la URSS, que en la regulación del mercado, se aseguraron de favorecerse). El que parte y reparte, se queda con la mejor parte. Y, además, al suprimir la libre competencia, el Estado favorece a sus amigotes en un sistema clientelar que hace que se haga rico, no el que más merece, sino el que más simpático le resulta al funcionario estatal.

A: …El problema es que el fuerte puede hacer que el débil siga siendo débil e impedirle que deje de serlo: si el trabajador gana poco sueldo y trabaja una larga jornada, difícilmente podrá, por ejemplo, educarse y formarse (aunque quisiera) para tener un empleo mejor y salir de esa situación, con lo que el débil nunca podrá romper ese contrato que le ofrece el fuerte porque no tiene ninguna otra opción real mejor ni podrá tenerla nunca mientras no le aumenten el sueldo y le reduzcan la jornada, algo que no hará el fuerte para que el débil no se forme y se busque otro empleo o le obligue a mejorar las condiciones bajo la amenaza de irse a ese otro empleo mejor…

G: Bajo el esquema libertario, si hay libre competencia, habrá otros empleadores que quieran hacer negocios. Y, con esa competencia, se cotizará mucho más la fuerza laboral. Si, por el contrario, por decreto el Estado impone un sueldo mínimo, el competidor no surgirá porque no tiene posibilidades de iniciar su empresa, seguirá un monopolio, y sólo habrá el incremento decretado por el Estado, perdiendo la oportunidad de aumentar el salario que propicie la competencia (y que, en teoría, sería aún mayor). Además, vuelve el problema del cálculo socialista, que célebremente señaló Von Mises: al imponer un sueldo mínimo (o cualquier otro control de precios y sueldos), se distorsiona la información del mercado: se hace creer que hay menos oferta y más demanda de fuerza laboral, de la que realmente existe. Con esa información distorsionada, ni el Estado ni los competidores privados pueden saber dónde deben dirigir los recursos para aliviar la escasez.

A: …Y si el Estado no interviene la situación se reproduce como un círculo vicioso. A este respecto, el REPUBLICANISMO (de Pettit, por ejemplo) señala una distinción entre interferencia arbitraria y no arbitraria. Pettit define la libertad como la situación no de no-interferencia sino como de no-dominación. Alguien está dominado cuando otro puede interferir de forma arbitraria en sus decisiones: el modelo sería el esclavo que está a merced del capricho del amo. Alguien es libre cuando nadie puede interferir arbitrariamente en sus decisiones. La clave está en la arbitrariedad: una interferencia será legítima o justificada si no es arbitraria, esto es, si es para reparar una situación de dominación. De este modo, el Estado estaría legitimado para interferir si es para evitar situaciones de dominación…

G: Pero, los libertarios insistirían en que una relación contractual NO es una situación de dominación. Ambas partes van voluntariamente.

A: …Por ejemplo, para evitar los contratos abusivos del fuerte sobre el débil. Y no tanto por lástima hacia el débil sino por cuanto un Estado libre solo puede estar formado por individuos libres (no dominados). A su vez, el Estado no puede convertirse él mismo en dominador, por eso mismo debe ser democrático y estar limitado en su poder

G: Para el libertario, todo agente (sea un ladrón, sea el Estado, o sea Robin Hood) que despoje de su patrimonio (bien sea por robo, o por cobro de impuestos) a un legítimo propietario, es opresivo. No importa que ese despojo persiga un fin aparentemente loable. Robin Hood quitaba al rico para dar al pobre, pero no por ello dejaba de ser un ladrón. La única justificación (y no todos los libertarios la aceptan) está en quitar forzosamente a unos, a fin de financiar proyectos de extrema necesidad, que por iniciativa privada, no pueden realizarse (la seguridad, por ejemplo). En ese sentido, no hay tal cosa como un “Estado libre”. Y, así como tú postulabas que es un mito aquello del buen salvaje y del propietario legítimo original, el libertario postula que es un mito la idea del Estado formado por un contrato social. Nadie me ha preguntado a mí si yo deseo entregar mi riqueza para financiar este o aquel proyecto público. Es, como la misma palabra lo sugiere, “impuesto”. Podrás decir que, en una democracia, sí se me ha consultado. Pero, no convence ese argumento, pues es fácil propiciar una situación de tiranía de las mayorías, en la cual las mayorías imponen a las minorías (que votaron distinto) la depredación de sus riquezas para financiar proyectos públicos.

A:En este modelo, me parece, se mantienen muchos de los aspectos positivos del liberalismo (limitación del Estado, respeto a la libertad…) a la vez que se evitan sus excesos (desprotección real del débil frente al fuerte), pasando de la no-interferencia a la no-dominación.

G: Hasta ahora, he tratado de hacer más un ejercicio de empatía intelectual con los libertarios, más que una verdadera convicción, en buena medida, porque en este tema estoy muy indeciso. Pero, sí quiero comentar algo con plena convicción, sobre la educación pública. Trabajo en una universidad pública y gratuita, a la cual se le asigna bastantes fondos públicos. Y, veo por doquier un enorme despilfarro: profesores que no dan clase y se inventan cualquier excusa para no ir a sus oficinas; obreros universitarios que se la mantienen en huelgas, apoyados por sindicatos que amedrentan a quienes presionen a los obreros para trabajar; estudiantes que no tienen la menor motivación para conseguir excelencia académica. He trabajado parcialmente en universidades privadas (no elitistas), y he visto mucho mejor funcionamiento. Esto no es suficiente argumento para eliminar la educación pública, pero sí es argumento para considerar que, en la asignación gratuita de recursos, hay despilfarro, y que eso, a la larga, perjudica la misma calidad de la educación. Tengo mucho que agradecer a la educación pública (pues he sido beneficiario de ella toda mi vida), pero, al menos en el caso venezolano, creo que debe hacerse una profunda revisión, pues el modelo público es claramente disfuncional.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s