¿Por qué votamos a ladrones?

raton

¿Por qué personas de clase trabajadora, autónomos o pequeños empresarios  votan una y otra vez a grupos políticos cuyo accionar va claramente en contra de sus propios intereses?

Según un estudio de 2007, la relación entre la identificación partidista (con qué partido se siente identificado), y la ideología (medidas de los distintos programas para distintas cuestiones problemáticas: desempleo, inmigración…), era inferior al 50% para todos los grupos políticos, a excepción de IU, que presentó un 61%. La coherencia es bajísima. [1]

En Aquienvoto.org disponemos de un test que pregunta por medidas concretas con las que estamos, o no, de acuerdo. Sólo una vez realizado el test se relacionan las respuestas del participante con el partido político con el que más coincide. Como os podéis imaginar, las sorpresas son mayúsculas, y las risas también. Por supuesto la persona despliega todo un abanico de racionalizaciones para justificarse, excusas en definitiva.

¿Si no es necesariamente la ideología lo que mueve el voto, y sin meternos en las influencias de la manipulación mediática, el sistema educativo destructor del pensamiento crítico, o la cultura, que ya he tratado en otros muchos artículos y emisiones; qué tipo de mecanismos psicológicos subyacen a un comportamiento político tan paradójico?

Para ofrecer un poco de luz a estas complejas cuestiones voy a apoyarme en el pensamiento del psicólogo Erich Fromm,  de cuyo libro El miedo a la libertad, extraigo los siguientes pasajes.

“El individuo deja de ser él mismo; adopta por completo

el tipo de personalidad que le proporcionan las pautas

culturales, y por lo tanto se transforma en un ser

exactamente igual a todo el mundo y tal como los

demás esperan que él sea. La discrepancia entre el

yo y el mundo desaparece, y con ella el miedo consciente

de la soledad y la impotencia. Es un mecanismo

que podría compararse con el mimetismo de

ciertos animales. Se parecen tanto al ambiente que

resulta difícil distinguirlos entre sí. La persona que

se despoja de su yo individual y se transforma en

un autómata, idéntico a los millones de otros autómatas

que lo circundan, ya no tiene por qué sentirse

solo y angustiado. Sin embargo, el precio que paga

por ello es muy alto: nada menos que la pérdida de

su personalidad.”

Pág. 220

Fromm llama a este mecanismo psicológico conformidad automática. En otras palabras, para reducir los sentimientos de aislamiento, soledad, angustia, miedo, insignificancia o impotencia, nos conformamos a la norma dominante. Todo el mundo sabe que dentro del rebaño se está más protegido que fuera, a riesgo del ataque de los lobos.

La persona que inconscientemente se ha sometido a un discurso, desarrolla mecanismos de defensa para negar a su consciencia estímulos o informaciones que desconfirmen tal discurso.

“Podemos tener pensamientos, sentimientos, deseos y hasta sensaciones

que, si bien los experimentamos subjetivamente

como nuestros, nos han sido impuestos desde afuera,

nos son fundamentalmente extraños y no corresponden

a lo que en verdad pensamos, deseamos o sentimos”

Pág. 223

Esta es, para Fromm, la conformación psicológica más habitual en nuestras sociedades actuales. No obstante las condiciones sociohistóricas, culturales y económicas determinan otras formas de conformarse, cuyo denominador común es la alienación, el cercenamiento de la expansión del individuo, de su libertad o de su capacidad de amar.

“El grado de destructividad

observable en los individuos es proporcional al grado

en que se halla cercenada la expansión de su vida”

Pág. 217

“Cuanto más el impulso vital

se ve frustrado, tanto más fuerte resulta el que se

dirige a la destrucción; cuanto más plenamente se realiza

la vida, tanto menor es la fuerza de la destructividad.

Esta es el producto de la vida no vivida.”

Pág. 217

“Aquellos individuos y condiciones sociales que conducen

a la represión de la plenitud de la vida, producen

también aquella pasión destructiva que constituye,

por decirlo así, el depósito del cual se nutren

las tendencias hostiles especiales contra uno mismo

o los otros.”

Pág 218

Según el filósofo Byung-Chul Hang, en su ensayo La agonía del Eros, la capacidad de amar también nos condiciona políticamente.

“El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se puede consumir. En ese sentido el otro ya no es una persona, pues  ha sido fragmentado en objetos sexuales parciales.”

Pág. 13

“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni un drama, sino una emoción y excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: <<El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere>>. La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión.”

Pág. 14

“La masa de datos e informaciones, que crece sin límites, aleja hoy la ciencia de la teoría, del pensamiento. Las informaciones son en sí positivas. La ciencia positiva, basada en los datos (la ciencia Google), que se agota con la igualación y la comparación de datos, pone fin a la teoría en sentido amplio. Esa ciencia es aditiva o detectiva, y no narrativa o hermenéutica.”

Pág.  39

“No hay pensamiento llevado por los datos. Sólo el cálculo es llevado por los datos. La negatividad de lo incalculable es inherente al pensamiento. Y así, está dado previamente y antepuesto a los datos. La teoría, que está en el fondo del pensamiento, es una donación previa. Trasciende la positividad de lo dado y hace que esto, de pronto, aparezca bajo otra luz.”

Pág. 38

“La ciencia positiva, guiada por los datos, no produce ningún conocimiento o verdad. De las informaciones nos damos por enterados. Pero enterarse de las cosas todavía no es ningún conocimiento”

Pág. 40

En otras palabras, para Byung, el pensamiento en el capitalismo neoliberal es considerado una negatividad, no produce un rendimiento, no aumenta nuestras sensaciones de placer. El pensamiento sin el aleteo de Eros, no produce nada nuevo, es una mera reproducción de lo mismo.

“Sin Eros el pensamiento pierde toda vitalidad, toda inquietud, y se hace represivo y reactivo”

Pág. 41

Esta teoría podría estar relacionada, a su vez, con la crisis actual en las artes y el pensamiento. El individuo narcisista del rendimiento encuentra en el otro una proyección de su narcisismo. Caminamos terriblemente hacia el infierno de lo igual, mientras somos bombardeados a diario con mensajes que subrayan nuestro supuesto poder ilimitado de libertad, de productividad y de individualidad.

Kant decía que se podía medir la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que era capaz de soportar. Quizás los tiros vayan más bien por la estructura de personalidad del individuo, sus apoyos sociales y económicos, que le permitan o no tolerar la angustia de la incertidumbre y el atomismo o aislamiento condicionado por la estructura económica.

Les dejo con el corrosivo cuento “Ratones que votan a gatos”

“Aunque a algunos les parezca tonto,
las ovejas votaron por el lobo;
como son unos buenos corazones,
por el gato votaron los ratones,
y a pesar de su fama de ladinas
por la zorra votaron las gallinas”

Extracto del poema Elecciones animales, de Guillermo Aguirre y Fierro, publicado en 1926.

 

[1] Bustillos y col. (2007). Citado en Psicología social aplicada. Ed. Panamericana. Pág. 86

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