¿Cuando Podemos habla de feminismo, de qué feminismo está hablando?

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Feminismo es una categoría tan confusa y heterogénea como peronismo o republicanismo. Decir “soy feminista” hoy día es casi como no decir nada. Una república puede ser liberal, socialista, socialdemócrata, o incluso fascista, ¿de qué sirve decir “soy repúblicano”, sin especificar o concretar?. Poco tienen que ver, e incluso se producen antagonismos, entre los movimientos sufragistas de finales del siglo XIX (promovidos por mujeres burguesas liberales);  el feminismo marxista de Aleksandra Kolontái,  empapado en la lucha de clases; el de la existencialista Simone de Beauvoir; o el de autoras más recientes como Judith Butler, Shulamith Firestone o Kate Millet, más cercanas a la teoría queer, la ideología de género, el feminismo radical o el feminismo de la diferencia.

Creo que, a grandes rasgos, cuando la gente de izquierdas habla de feminismo, lo entiende como una suerte de movimientos que luchan por la igualdad entre hombres y mujeres, por el fin de estereotipos sexistas contra la mujer, o contra la violencia machista. Sin embargo cuando uno empieza a leer a las grandes vacas sagradas del feminismo reciente se encuentra con apologías que poco o nada tienen que ver con el, generalmente razonable, sentido común de la gente.

En la Ballena ya vengo contando la violencia e injusticias que algunos grupos feministas vienen promoviendo. Ver: La Ley de Identidad y Expresión de Género y el daño irreversible a la infancia, El adoctrinamiento sexual a menores en la educación pública, Emisión 22. Biopolítica. La construcción ideológica de la guerra entre sexos

La figura referencial, y reverencial, del intelectualismo feminista en Podemos es Beatriz Gimeno, como así reconocen sus propias seguidoras en el partido.

Gimeno, partidaria de la facción Podemos en Movimiento, ha sido promotora de la Ley de Identidad y Expresión de Género de la Comunidad de Madrid, ya analizada en el artículo enlazado, y cuya lectura recomiendo para comprender mejor  el resto del artículo.

Dice Gimeno en  su texto Aproximación política al lesbianismo:

“La heterosexualidad, el régimen regulador por excelencia, no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que es una herramienta política y social con una función muy concreta que las feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres; un régimen regulador de la sexualidad que tiene como finalidad contribuir a distribuir el poder de manera desigual entre mujeres y hombres construyendo así una categoría de opresores, los hombres, y una de oprimidas, las mujeres.”

“Si la heterosexualidad fuese natural, o siquiera beneficiosa para las mujeres, no necesitaría de los enormemente complejos mecanismos que se emplean para mantenerlas dentro de ella. El feminismo lucha con denuedo para limitar los daños que la heterosexualidad provoca en las mujeres, lucha por el derecho al aborto, pero no enseña a las mujeres que el mejor método anticonceptivo, el menos dañino para ellas, es no practicar el coito; combate para que ninguna mujer sea maltratada, para que no pierdan sus energías intelectuales y/o afectivas con los hombres, para que no dejen que sus parejas masculinas les roben su autoestima o su tiempo, pero no considera siquiera como una opción que muchas mujeres tendrían mucho que ganar si existiera una ecuación que pusiera en pie de igualdad homo y heterosexualidad o que incluso fomentara la no heterosexualidad.” [1]

No pretendo reducir su obra a unos meros apuntes, pues sería injusto y poco representativo, pero por limitaciones de espacio ha de ser así. No obstante os animo a que leáis más textos suyos, escuchéis sus declaraciones, y analicéis las políticas que promueve; pues, como se puede comprobar, no son en absoluto igualitarias, ni siquiera inocuas. Su heterofobia y misandria son palpables. De lo que se deduce y subyace del texto es que no se trata de un feminismo por la igualdad, que trate de construir roles culturales de género igualitarios; se trata de un feminismo de la diferencia cuya idea fundamentalista descansa en la diferencia sexual natural; básicamente, la violencia y la agresión pertenecen por naturaleza al hombre, y no a la mujer, que siempre es víctima por el mero hecho de ser mujer. Esto es antagónico al constructivismo de género de Simone de Beauvoir, y su “no se nace mujer, se llega a serlo”. Gimeno estigmatiza tanto al hombre como a la mujer, al primero por hacerlo chivo expiatorio de la humanidad, y a la segunda por victimizarla (proceso psicológico este, antagónico a la emancipación y la asertividad). Por supuesto la doctrina de Gimeno no resiste el menor análisis empírico, como se puede observar, por ejemplo, en el siguiente meta-análisis de más de 500 estudios sobre la violencia en la pareja, que concluye invariablemente que la violencia es bidireccional. [2]

A tenor de lo que implica la citada Ley de Identidad y Expresión de Género, se están promocionando parcialmente las doctrinas de feministas radicales (tercera ola del feminismo), como  la referencial Shulamith Firestone,  que dice lo siguiente en su célebre libro La dialéctica del sexo:

 “El objetivo final de la revolución feminista no debe limitarse a la eliminación de los privilegios masculinos, sino que debe alcanzar a la distinción misma de sexo; las diferencias genitales entre los seres humanos deberían pasar a ser culturalmente neutras… La reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos sería sustituida por la reproducción artificial… La división del trabajo desaparecería mediante la eliminación total del mismo. Se destruiría así la tiranía de la familia biológica”

“El concepto de infancia ha sido abolido, los niños tienen plenos derechos legales, sexuales y económicos, sus actividades educativas/laborales no difieren de las de los adultos. Durante los pocos años de infancia, hemos reemplazado la psicológicamente destructiva ‘paternidad’ de uno o dos adultos arbitrarios, por la difusión de la responsabilidad del cuidado físico sobre un gran nùmero de personas. El niño todavía puede formar relaciones íntimas de amor, pero en lugar de desarrollar una estrecha relación con una decretada ‘madre’ y ‘padre’, el niño puede ahora formar los lazos con gente de su propia elección, de cualquier edad o sexo. Por lo tanto todas las relaciones entre adultos y niños se han elegido mutuamente.” 

“Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. […] Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían.” [3]

Una figura referencial en el feminismo actual, también en el podemita, es la ya mencionada Judith Butler, la autora de El género en disputa, encuadrada en la teoría queer y la tercera ola del feminismo. En los escritos de Clara Serra, diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid, y miembro de la facción Errejonista, una figura habitualmente citada es precisamente la de Butler. Sin entrar a analizar lo que puedan tener de valioso sus estudios de género, Butler acaba atacando, al igual que sus colegas, el “régimen” de heterosexualidad, como generador de  formas de poder entre las personas. Por consiguiente para esta autora, y coincidiendo con Firestone, la vía para acabar con las diferencias de poder es terminar con las diferencias sexuales. Se trata, al parecer, de subvertir las diferencias de género para que dejen de tener valor. Exactamente lo que podría promover la citada Ley de Identidad y Expresión de Género.

“Cuando en 1990 (Butler) publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la diferenciación sexual como dualidad. Ambas presuponían que el “sexo”, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo “natural”, que no dependía de las configuraciones socio-histórico.

Butler plantea que el “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de un pensamiento que se genera dentro de un sistema social que plantea la normativa del género. Es decir, se plantea una idea del sexo como algo natural y es esta norma, la que se ha configurado dentro de la lógica del binarismo de género.” [4]

“Butler afirma constantemente a lo largo de su obra que, si bien normalmente se ha entendido que el género es una construcción cultural mientras que el sexo es lo biológico dado “de forma natural”, lo cierto es que tanto uno como el otro forman parte de construcciones discursivas y performativas que los caracterizan y significan en el mundo. Retomando la premisa que Simone de Beauvoir postula en El segundo sexo de que “la mujer no nace, se hace”, Butler decide llevarla al extremo al afirmar que todo lo que rodea al género se hace en un espacio, tiempo y colectividad determinados.” [5]

No hace falta ser muy estudioso para saber que la fundamentación científica de estas teorías, que en la práctica política se están adoptando como axiomas, es la pura entelequia. Por otra parte se hace imprescindible reflexionar sobre las consecuencias nocivas que pueden derivar de estos discursos.

Apuesto a que millones de votantes de Podemos, así como millones de simpatizantes del feminismo, ignoran cuales son los objetivos de los discursos que en los últimos años se imponen desde los más importantes centros de poder, como la mismísima ONU, en sus conferencias mundiales sobre la mujer.

Por todo esto, cuando integrantes de Podemos hablan de feminismo, deberían ser honestos y decir a qué tipo de feminismo se están refiriendo.  Pues no sería de extrañar, que la mayoría de sus votantes lo ignoran y merecen saberlo. No siendo tampoco de extrañar que al conocerlo en profundidad lo rechazasen frontalmente.

No es de extrañar que poderes fácticos estén promocionando a este tipo de ideólogas. Mientras que las feministas de igualdad no cuentan con medios para llegar a las masas. ¿Ha usurpado, de hecho, el feminismo de tercera ola, ultrapromocionado por el capitalismo, los feminismos clásicos de la igualdad y la lucha de clases?

Para estos poderes fácticos, controlar la reproducción, destruir la familia, núcleo de los afectos, expresión del amor, los lazos afectivos, el compromiso y la fidelidad, raíces e identidad del ser humano, es un objetivo muy atractivo, que no debemos permitir que logren.

“La verdad es siempre revolucionaria”.

[1] https://beatrizgimeno.es/2013/01/24/una-aproximacion-politica-al-lesbianismo-2/

[2] La violencia en la pareja. (Análisis comparativo de una recopilación de estudios internacionales):

http://www.escorrecto.org/

Estudios españoles. (La realidad de la violencia de pareja en España):

http://www.escorrecto.org/estudios_espanyoles.html

[3] La dialéctica del Sexo. Shulamith Firestone.

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Judith_Butler#El_g.C3.A9nero_y_el_sexo

[5] http://es.wikipedia.org/wiki/El_g%C3%A9nero_en_disputa#Sexo_y_g.C3.A9nero_como_constructos

2 Respuestas a “¿Cuando Podemos habla de feminismo, de qué feminismo está hablando?

  1. Pingback: La heterofobia de Judith Butler, referente del feminismo mundial | Emisión en el Vientre de una Ballena

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