La heterofobia de Judith Butler, referente mundial del feminismo

butler

La filósofa Judith Butler, en boga en los ámbitos académicos y políticos, es una figura de referencia en la literatura feminista, la teoría queer y la ideología de género; no sólo por la cantidad de referencias que se hacen a sus obras, sino también porque parece que su pensamiento, y el de sus contemporáneas, se está traduciendo en leyes concretas en nuestras sociedades.

Veamos lo que esto implica leyendo su obra de cabecera, El género en disputa. Ya en su prefacio más reciente encontramos lo siguiente:

“Existe una diferencia entre las posturas sexista y feminista sobre Ia relación entre género y sexualidad: Ia postura sexista afirma que una mujer únicamente revela su condición de mujer durante el acto del coito heterosexual en el que su subordinación se convierte en su placer (Ia esencia emana y se confirma en Ia subordinación sexualizada de Ia mujer); Ia posición feminista argumenta que el género deberia ser derrocado, suprimido o convertido en algo ambiguo, precisamente porque siempre es un signo de subordinación de Ia mujer…” (p. 15)

Parece que para Butler no pueden existir relaciones heterosexuales sanas y en igualdad. Es más, para Butler, que una mujer se de a un hombre es subordinación. Esto es tan represivo como las doctrinas católicas más reaccionarias. Va contra el amor, pues el amor es darse a otra persona.

Si continuamos leyendo, ya en la página 24, encontramos una clara declaración de intenciones:

“El empeño obstinado de este texto por «desnaturalizar» el género tiene su origen en el deseo intenso de contrarrestar Ia violencia normativa que conllevan las morfologías ideales del sexo, así como de eliminar las suposiciones dominantes acerca de Ia heterosexualidad natural o presunta que se basan en los discursos ordinarios y académicos sobre Ia sexualidad

[..]

¿Cómo debemos reformular las limitaciones morfológicas idoneas que recaen sobre los seres humanos para que quienes se alejan de Ia norma no estén condenados a una muerte en vida?” (p. 24)

O más adelante:

“¿Cuál es Ia mejor forma de problematizar las categorías de género que respaldan Ia jerarquía de los géneros y Ia heterosexualidad obligatoria?” (p. 36)

“La labor de este cuestionamiento [genealogía] es centrar -y descentrar- esas instituciones definitorias: el falogocentrismo y Ia heterosexualidad obligatoria.” (p.38)

¿Pero por qué ese ataque a la heterosexualidad?:

“Wittig [citada por Butler] ofrece una critica diferente al señalar que las personas no pueden adquirir significado dentro del lenguaje sin la marca del género.” (p. 78)

“La heterosexualización del deseo exige e instaura Ia producción de oposiciones discretas y asimétricas entre «femenino» y «masculino», entendidos estos conceptos como atributos que designan «hombre» y «mujer». La matriz cultural -mediante Ia cual se ha hecho inteligible Ia identidad de género- exige que algunos tipos de «identidades» no puedan «existir»: aquellas en las que el género no es consecuencia del sexo y otras en las que las prácticas del deseo no son «consecuencia» ni del sexo ni del género.” (p. 72)

“La coherencia o unidad interna de cualquier género, ya sea hombre o mujer, necesita una heterosexualidad estable y de oposición . Esa heterosexualidad institucional exige y crea Ia univocidad de cada uno de los términos de género que determinan el límite de las posibilidades de los géneros dentro de un sistema de géneros binario y opuesto.” (p. 80)

En definitiva, para Butler, “el género emerge como la forma rígida de la sexualización de la desigualdad entre el hombre y la mujer” (p. 14). La heterosexualidad, que ella describe como obligatoria, exige un sistema binario, que Butler considera que siempre, bajo cualquier circunstancia, es generador de opresión. Para poder mantener el dogma niega cualquier tipo de elemento biológico en la sexualidad, y lógicamente, en la sexualidad hetero. Si para Simone de Beauvoir había una distinción entre sexo, como lo dado biológicamente; y género, como construcción cultural; para Butler esta distinción parece desaparecer:

“En su estudio [el de Beauvoir] no hay nada que asegure que Ia «persona» que se convierte en mujer sea obligatoriamente del sexo femenino. Si «el cuerpo es una situación», como afirma, no se puede aludir a un cuerpo que no haya sido desde siempre interpretado mediante significados culturales; por tanto, el sexo podría no cumplir los requisitos de una facticidad anatómica prediscursiva. De hecho se demostrará que el sexo, por definición, siempre ha sido género” (p. 57)

Aquí Butler cae en un idealismo extremo, negando la materia; pues aunque el cuerpo de la mujer no hubiera sido nombrado nunca, no dejaría por ello de existir. En definitiva, para Butler, la única forma de reducir o eliminar la opresión hacia los colectivos minoritarios es eliminar la “categoría” sexo, desplazando la heterosexualidad “obligatoria”, o quizás creando una sociedad en la cual la confusión de géneros sea la norma.

Por establecer un paralelismo, imaginémonos que a un académico de renombre se le ocurriera la idea de generar individuos de razas mezcladas o indeterminadas, ambiguas o confusas, con el objetivo de terminar con la categoría raza, y liberar así a los oprimidos de la violencia de la antigua normatividad. Y no sólo eso, sino que se le escuchase y se transmitiera su doctrina empleando ingentes cantidades de dinero para ello. Y no sólo eso, sino que su doctrina se tradujera en leyes, que llamarían leyes de igualdad.

¿En qué momento el capitalismo usurpó el significante feminismo para utilizarlo en sus propios fines de dominación? Además de Butler, Shulamith Firestone propone la indiferenciación de los sexos, grupos de crianza sin vínculos cosanguíneos, librar a la mujer de la maternidad (control reproductivo de la especie) y el incesto madre-hijo. Kate Millet propone también la pedofilia. Y Beatriz Gimeno (Podemos), hace apología contra la heterosexualidad y, como promotora de la Ley de Identidad y Expresión de Género, por el cambio de sexo en edades infantiles, sin reparar en el daño psicológico irreversible que puede ocasionar a los niños.

En la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer (Pekín 1995), se consagró que toda la estructura de la sociedad debía ser revaluada a la luz del desarrollo de los estudios de género.

A juzgar por la ingeniería social que se viene activando desde entonces, parece que por estudios de género se referían a ideología de género, y concretamente a autoras como las mencionadas. Las nuevas políticas se aplican sin abrir debates públicos, sin analizar los impactos negativos, sin estudiar el origen de la violencia. Sencillamente se imponen, bajo la general ignorancia de la población, a la cual mantienen desinformada y manipulada.

Fuente.

El género en disputa. Judith Butler. Paidós 2007.

4 Respuestas a “La heterofobia de Judith Butler, referente mundial del feminismo

  1. Pingback: El abuso y anticonstitucionalidad de las leyes autonómicas de expresión de género | Emisión en el Vientre de una Ballena

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  3. El mundo al revés: No hacen falta tantas explicaciones, se trata de algo muy sencillo: Un@ hermafrodita de 150 cm que quiere que la sociedad entera se adapte a su rareza e infelicidad.

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